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Aislando al proceso creativo

Por Mariana Rey*



Y un día por cadena nacional se nos dijo: “Aislamiento social preventivo y obligatorio”.

¿Y ahora? ¿Qué hago con mi trabajo?

Según los diagnósticos  difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de les pacientes con quienes intervengo encajan en “población de riesgo” y, a su vez, yo también lo soy .

Y riesgo más riesgo, es igual a miedo.

Ahí no más el resumen de la tarjeta se apoderó de mi cabeza, y el alquiler.

Traté de calmarme y concentrarme en enumerar uno a uno mis privilegios. 

Pero la preocupación no me dejaba en paz: ¿Y si no llego? ¿Y si pierdo independencia económica? 

Todo en paralelo, en un mismo instante, ¿Ataque de pánico? Es posible.

Y luego de varias respiraciones…

Decidí  ponerme en contacto con quienes trabajo,  entendieron la situación,  de la que elles también son parte.

Y comenzaron a surgir soluciones.

Palabras como “home oficce” formaron parte de mi vocabulario rápidamente. ¿Sería posible un “home office”? Si yo no trabajo en una oficina, pensé. Y en ese momento recordé imágenes de mi cotidiano con acciones que muchas veces pasan desapercibidas.

En la práctica profesional no solo se habla, también hay miradas, gestos, circulan imágenes y  me pedían que mande todo por escrito.

¿Cómo escribir lo que pasa “entrelineas” en cada intervención?

Bombardeo de tareas.

Pasaron los días y tuve que acomodarme sin opción a esta nueva dinámica.

En las redes sociales una catarata de videos, links, imágenes, vivos y audios se llevaron la rutina frágil que intentaba sostener. De repente tenía que: cambiarme el pijama, comer sano, hacer la clase de gym on-line, ordenar el armario, buscar fotos de chiquita para cumplir el desafío de Instagram, filmarme haciendo jugaditas con el papel higiénico, aprenderme la coreografía de Bad Bunny en Tik Tok, cocinar galletitas, terminar de leer el libro pendiente, tomar sol desde el balcón (por lo de la Vitamina D y el Covid-19), prestar especial atención a la higiene, coordinar la video llamada con amigues, con pacientes, con el grupo de trabajo, etc.

¿Ataque de pánico? Es posible. Luego de varias respiraciones…  

A pesar de este abanico de posibilidades, repentino y al alcance de todes, aparecía la demanda de qué otras cosas hacer porque el tiempo libre es “mucho”.

Sí, mi título dice “Licenciada en Terapia Ocupacional” ¿Cómo me voy a negar a esa demanda? Es nuestro momento de brillar ¿O no?

Y dentro de la planificación para el hogar pensaba como transmitir que también es un buen momento para dedicarle tiempo de calidad a todas esas tareas que siempre hacemos a las apuradas; que tanta incertidumbre sobre el futuro nos lleve a estar focalizades  en el presente y reflexionar.

Quizás, si paramos  con el hacer concreto, afloran sentimientos y emociones interesantes para identificar y trabajar, solos o con otros, acompañados física o virtualmente. Está bien no tener nada que hacer ¿no? O aburrirse un poco. La situación actual nos angustia y no está mal sentirse así ¿no?

Cuando todo esto pase ¿cómo seguimos?

Este contexto no es permanente, pronto vamos a tener que retomar con la dinámica “normal” en nuestras vidas. Y vuelven a aparecer preguntas ¿Cómo hacemos para trabajar como lo hacíamos antes? Y pienso en todes, en quienes trabajamos en servicios de salud y quiénes no. Para que en los próximos encuentros no solo nos detengamos en ver qué tipo de barbijo vamos a tener que usar con les pacientes. Sino también para pensar las incertidumbres que todo esto nos deja como seres humanos, como sociedad.

Y me detengo en el “como antes”. Será que justamente no tenemos que volver a ser los de “antes”. Esa postura nos llevó a donde estamos hoy. El uso indiscriminado de los recursos, la alimentación especista, el “hacer por hacer”, la casi nula conexión con la naturaleza y con quienes tenemos al lado.

¿Quiero seguir haciendo las cosas como antes?

Este confinamiento también me llevo a crecer desde adentro (literal y figurativamente), a conectar más conmigo misma, a valorar tremendamente a mi familia y mis amigues que siempre están ahí, a través del teléfono, bancando las crisis existenciales de quien hace gran parte de la cuarentena sola y en un departamento. Sin dudas yo no soy la de antes, no sé si quiero seguir haciendo las cosas como antes.

Creo que nadie es como antes. Si comprendemos y nos animamos a cambiar algo, en mayor o menor medida, entre todos, sin dudas vamos a encontrar la forma más segura y saludable de volver a salir de nuestros hogares.



(*Licenciada en Terapia Ocupacional de Paraná. Escribió esta crónica en marzo de 2020 / La imagen que acompañan la crónica es de Rita Lyod)


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